Caso: mentoring en transición a Director de Operaciones
Un mando intermedio promovido a Director de Operaciones de una empresa de 120 personas. Tres meses, sesiones semanales, dos conversaciones difíciles que llevaba meses postergando. Resultado: 9 de 10 hitos del plan de 90 días cumplidos y un cambio claro en cómo lo veía su Comité.
Contexto
Empresa de servicios profesionales de 120 personas. Crecimiento sostenido, dos rondas de incorporaciones recientes y un Comité Ejecutivo que estaba pidiendo más madurez operativa al equipo. La dirección decidió promocionar a uno de sus mandos intermedios —siete años en la casa, muy buen conocedor del negocio, perfil técnico-operativo— a Director de Operaciones.
El nuevo Director llegaba con tres ventajas: conocimiento profundo del negocio, respeto del equipo y red interna sólida. Y con tres dudas: cómo pasar de hacer a dirigir, cómo posicionarse ante un Comité del que ahora formaba parte y qué hacer con dos conversaciones que llevaba meses arrastrando con dos miembros clave de su equipo directo.
En la primera sesión me lo dijo así: "sé hacer el trabajo. No sé todavía hacer el rol."
El desafío
Tres frentes simultáneos:
- Asumir el rol con criterio. Pasar de la operativa diaria a la dirección sin caer en el reflejo de "yo lo hago, que es más rápido".
- Alinear al equipo directo. Cinco personas, dos de ellas con tensiones abiertas que se habían normalizado en el día a día.
- Resolver dos conversaciones difíciles pendientes. Una sobre desempeño, otra sobre encaje de rol. Ambas postergadas durante meses.
Implícito en todo lo anterior: construir presencia ejecutiva en un Comité donde había sido visto durante años como el "responsable de operaciones de abajo".
Aproximación
Programa de 3 meses con sesiones semanales de 60 minutos, más dos sesiones largas de 2 horas (apertura y cierre). Estructurado en tres bloques:
- Mes 1 — Plan de los primeros 90 días. Diagnóstico personal y de contexto: stakeholders clave, expectativas reales del CEO, mapa del equipo, victorias rápidas posibles. Construcción del plan de 90 días con 10 hitos: 4 internos del área, 3 con el Comité, 3 personales (presencia, agenda, foco). Reuniones de escucha con cada miembro del equipo y con tres pares del Comité.
- Mes 2 — Conversaciones difíciles y presencia. Trabajo específico sobre las dos conversaciones pendientes: preparación, role-play, escenarios de respuesta. Las dos se mantuvieron en la semana 6 y 7. Trabajo paralelo sobre presencia ejecutiva: cómo intervenir en Comité, cuándo callar, cómo pedir lo que necesita en lugar de explicar lo que ya hace su equipo.
- Mes 3 — Consolidación y feedback 360. Revisión semanal del plan de 90 días con foco en hitos de Comité (presentación de prioridades operativas del semestre y caso de inversión en herramientas). Diseño de un feedback 360 ligero al cierre: CEO, dos pares del Comité, los cinco directos. Cierre con plan personal a 6 meses sin mí.
Resultados
- Plan de 90 días ejecutado con 9 de 10 hitos cumplidos (el hito que no se cumplió se decidió posponer conscientemente al segundo trimestre, no por incapacidad de ejecución).
- Conversaciones difíciles resueltas con dos miembros clave del equipo. Una de ellas terminó en cambio de rol acordado por ambas partes. La otra reactivó el desempeño en el siguiente trimestre.
- Confianza percibida por su Comité aumentada (feedback 360 al cierre del programa). Tres miembros del Comité usaron literalmente la palabra "presencia" en su feedback.
- Caso de inversión en herramientas operativas aprobado en la primera presentación al Comité —algo que él mismo identificaba como "imposible" al inicio del programa.
- Cinco prácticas personales instaladas y sostenidas (agenda semanal protegida, 1:1 quincenal estructurado con cada directo, ritual de cierre de día, lectura programada, sesión mensual de revisión personal).
Aprendizaje aplicable
Lo que me llevo: los primeros 90 días definen el resto del año en una transición de rol. Un plan claro y un acompañamiento cercano cambian el resultado de manera desproporcionada. No porque el plan en sí sea infalible —se ajusta cada semana—, sino porque tener un plan obliga a decidir antes y reduce la deriva.
Lo otro: las conversaciones difíciles que se postergan no son un problema de "habilidades blandas". Son un problema operativo concreto. Cada semana que una conversación se posterga genera reuniones inútiles, decisiones medias y energía gastada en gestionar lo que no se ha resuelto. Cuando un Director nuevo resuelve sus dos o tres conversaciones pendientes en las primeras seis semanas, libera ancho de banda mental para todo lo demás.
Y un tercero, más personal: el rol no se aprende leyendo, se aprende ensayando. Buena parte del valor del mentoring estuvo en los role-plays de conversación incómoda y en los ensayos de intervención en Comité, no en los marcos teóricos.
Nota sobre confidencialidad
El nombre de la persona y de la empresa están omitidos por acuerdo de confidencialidad. Las cifras y el feedback citado son reales, recogidos al cierre del programa.
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